De cómo Instagram podría estar cambiando nuestra forma de mirar y de entender la fotografía.

El otro día comentaba con mi amiga Vicky la ola de “postureo” que vivimos actualmente y que nos empieza a resultar agobiante y ridícula. De esto se habla hasta la saciedad y solemos toparnos en las mismos Medios Sociales con artículos de nuevos estudios que relacionan las horas de uso de Facebook con la depresión, al percibir que las vidas de los demás son mejores que las nuestras. Ambas llegamos a la conclusión de que en parte los Medios Sociales tenían parte de culpa de esta tendencia al “postureo”.

En el fondo creo que es bastante inmaduro e irresponsable por nuestra parte culpar de todas nuestras actitudes a los Medios Sociales, ¿pero no es también cierto que cada nuevo medio de comunicación influye en la forma en que nos comunicamos? Pensemos en un momento en cómo el significado de “ser fan” o “Me gusta” han cambiado en los últimos años gracias a Facebook… Por lo tanto, cuando nos topamos con el último estudio que relaciona el uso de los Medios Sociales con ciertas dolencias mentales, surge la duda: ¿elegimos nosotros mostrar solo lo positivo de nuestras vidas porque así lo queremos o porque los Medios Sociales nos imponen una convención social en la que solo parece estar permitido hablar de lo mejor de nuestras vidas?

Al contar con la posibilidad de escribir texto como de compartir imágenes, enlaces y otro tipo de recursos, creo que Facebook sí nos ofrece un espacio para la reflexión, como hemos podido comprobar y disfrutar desde que irrumpió en nuestras vidas, convirtiéndolo en un medio bastante poderoso, como también ha demostrado serlo Twitter. Sin embargo, en el caso de Instagram, aunque seguramente la intención de su creador era otra, me parece bastante obvio que el contenido que encontramos por norma general (con sus alegres excepciones, por supuesto) en esta plataforma es siempre “bonito”, “agradable”, “positivo” y… sí, hay que decirlo… superficial. Muchos temas que también forman parte de la existencia humana se han convertido en tabú entre imágenes idílicas de gatos, selfies y pies en la playa.

Por supuesto no es todo negativo en la popularización de Instagram. Aunque este aspecto también puede criticarse y ha sido criticado, creo que la generalización del uso de Instagram entre el usuario medio ha tenido el efecto positivo de “educar” a personas que permanecerían en otro caso ajenas al mundo de la imagen en conceptos como el encuadre, el enfoque o la elección del tema. Pero sí, las características de esta plataforma en mi opinión están teniendo consecuencias no del todo positivas en la mirada, la concepción de la fotografía, en cómo nos presentamos al mundo y cómo entendemos la realidad. 

Italo Calvino dijo en “La aventura de un fotógrafo”:Basta empezar a decir de algo: “¡Ah, que bonito, habría que fotografiarlo!” y ya estás en el terreno de quien piensa que todo lo que no se fotografía se pierde, es como si no hubiera existido, y por lo tanto para vivir verdaderamente hay que fotografiar todo lo que se pueda, y para fotografiarlo todo es preciso: o bien vivir de la manera más fotografiable posible, o bien considerar fotografiable cada momento de la propia vida. La primera vía lleva a la estupidez, la segunda a la locura”. ¿No es precisamente lo que veladamente nos propone Instagram? Compartir el instante (os recuerdo que aunque los Community Managers llevemos tiempo proponiéndolo se niegan a dejar programar las publicaciones precisamente porque quieren posicionarse en la idea de “fotografiar el instante”) Para más inri: embellecerlo con un filtro (al parecer la realidad no es suficientemente bella de por si) Y compartirlo instantáneamente y lo antes posible con nuestros contactos. Si a esto unimos que al entrar a la plataforma por defecto se nos ofrece un flujo de imágenes que – confesemos – todos acabamos mirando cuando estamos aburridos, pasando de una imagen a otra casi sin detenernos… ¿No estamos llegando al punto de locura del que hablaba Calvino? ¿De verdad es necesario compartir lo que estamos comiendo en cada momento? ¿Necesito ver cómo te has levantado esta mañana? ¿Me importa realmente si estás en el gimnasio? La fotografía, bien entendida, se suponía que buscaba, como todo Arte, hacer perdurar en la eternidad los momentos especiales, hacer un manifiesto para el futuro. ¿Nos estamos parando a pensar en qué aportarán esas fotos de nosotros mismos con una cerveza de más poniendo morritos y haciendo el símbolo de la victoria a nuestros hijos, nuestros nietos…? ¿Qué estamos revelando de nosotros mismos compartiendo selfies haciéndonos los guays? ¿No nos impone ya Instagram una forma de encuadrar y mirar a la realidad con su formato 1:1? ¿No os sentís algo presionados por “hacer instagrameable” cada momento de vuestras vidas? En definitiva: ¿podríamos estar perdiendo el sentido de la fotografía al asociarla con compartir cada instante de nuestra vida y – no olvidemos – embellecerla y hacerla “digna de likes”, como propone Instagram?

Puede que ni siquiera haga falta que nos lo planteemos: puede que en algún momento, todas esas imágenes que estamos compartiendo se pierdan porque Instagram decida cerrar el chiringuito.

Y puede que entonces “todos esos momentos se pierdan en el feed de Instagram, como lágrimas en la lluvia…”.

Por supuesto, sé de mucha gente que está utilizando Instagram de una forma muy positiva y que realmente comunica y nos aporta. Pero el “postureo” y los clichés están tomando cada vez más protagonismo…

¿Vosotros, qué opináis? ¿Sentís que vuestra forma de mirar y de fotografiar ha cambiado con el uso de Instagram?

Photo Credit: beastfromeast para iStock.

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Veronica Guzman

Encontré en la Comunicación y Marketing en Medios Sociales el medio ideal para sacar partido a mi carácter multidisciplinar. Mi inclinación por la creatividad y la escritura encontraron la vía de escape perfecta en la ideación de estrategias y la edición para Medios Sociales. Y la Analítica y Monitorización me dieron la oportunidad de aplicar mis dotes de observación y pensamiento analítico. ¿La comunicación, para mí? Más que mi profesión, mi pasión.

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