Ebooks: nada sustituirá la magia de las páginas impresas

¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste de un libro? ¿Recuerdas la portada, sostenerlo en tus manos, bucear entre sus páginas de papel? ¿Recuerdas cómo se apoderó de ti desde la primera hasta la última página? Y ahora piensa bien. ¿Recuerdas la primera novela que leíste en formato electrónico? Seguramente no.

Hace un par de años me hallaba en una guerra constante contra los libros electrónicos. Mi madre estaba emperrada en que tenía que comprarme un eBook porque era mucho más práctico y económico a la larga. Yo me resistía con todas mis fuerzas. No creo que se tratara tanto de la reticencia a lo desconocido sino a una serie de miedos que tenía en mi interior. ¿Me voy a destrozar la vista? ¿No paso ya suficientes horas delante de pantallas electrónicas? ¿Y si no soy capaz de meterme en la lectura con ese cacharrito electrónico?

Para que puedas entenderme, te diré que desde que tengo uso de razón, y tal vez antes, he sido una lectora incansable, insaciable. Como me decían mis familiares cuando tenía 10 años, no leía libros, los devoraba. En todos los cumpleaños, Navidades y celebraciones recuerdo siempre varios libros entre los regalos.

Cuando me marchaba de vacaciones, aunque solo estuviera fuera 4 o 5 semanas, llenaba una bolsa de viaje de libros. No podía leerlos todos, claro está, pero cuando hacía la maleta, allí estaba ese temor interior, por mucho que intentara ser práctica. “Llévate un máximo de 7 libros -me decía- ¡Imposible leer más de un libro a la semana!”. Y aún así, cuando echaba un vistazo a la librería acababa vaciando los estantes. “¿Y si me apetece volver a leer esta novela?”. Así que cargaba el maletero del coche ante la mirada resignada de mis padres, que no podían hacerme entrar en razón.

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Y luego estaban los desplazamientos en transporte público, siempre con un libro bajo el brazo. A veces no era un problema, pero recuerdo cuando hace 10 años me leí la saga de Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin y tenía que cargar con un peso infame por toda Barcelona. 2 o 3 kilos extra en el brazo todo el día. Horroroso.

Mi madre decidió que lo mejor era predicar con el ejemplo. La muy pilla se compró un eBook y me pidió amablemente que “le llenara el cacharro de libros“. Por aquella época tenía muchas ganas de leer a Gabriel García Márquez (y ella también) así que metí Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. Eran novelas que siempre había querido leer, que había ojeado mil veces en las librerías pero que no había llegado a comprar por miedo a los clásicos. ¿Y si es un tostón? ¿Y si me gasto 23€ y luego no me gusta? Esa misma noche, me decidí a probar el cacharrito electrónico y para mi felicidad comprobé que:

  • No me cansaba la vista. Efectivamente, la lectura en el Kindle no tenía nada que ver con la pantalla de mi portátil o mi ordenador de sobremesa.

  • Me metí en la historia desde la primera página. ¿Página? Bueno, no sé si es exactamente una página. Desde la primera pantalla, mejor dicho.

  • Es imposible que no ames a Gabriel García Márquez. Su estilo, sus historias y sus personajes.

Así que corrí a decirle a mi madre que había ganado la batalla, que me moría de ganas de tener un Kindle y que me parecía super práctico. Después de varios “te lo dije” me hice con uno y corrí a meter las novelas de la saga de George R. R. Martin para poder volver a leerlas sin temor a perder los brazos y las muñecas en el intento. (En serio, ¿habéis probado a leer el cuarto libro de la saga en formato de tapa dura? Hasta tumbada en la cama se te clava en las costillas del peso). Y me paseaba por Barcelona, feliz de poder leer en cualquier parte llevando ese gadget que pesaba tan poco y que encima podía guardar en el bolso. ¡Maravilla de las maravillas!

Novelas que no te puedes perder

Y aún así, no obstante, no recomendaría a nadie que dejara de lado el papel porque la experiencia no es la misma. Probé a releer mis novelas favoritas, que son muchas, en el nuevo formato. Y nada que ver. Quiero explicar antes, que al igual que muchas personas pueden ver un par de veces al año sus películas predilectas, me pasa lo mismo con mis tesoros literarios. Cuando un libro me gusta, lo vuelvo a leer todas las veces que me apetece. Como el connovedor Ensayo sobre la ceguera de Saramago (¿Hay algo mejor que esa novela?) o la exquisita Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena. Y sí, me he leído mil veces Emma y Orgullo y prejuicio de Jane Austen y nunca me voy a cansar de releerlas. Necesito leer una vez al año La aventura en el tocador de señoras de Eduardo Mendoza (Mendoza, ¡Gracias por existir!). Reencontrarme con Momo, de Michael Ende, la niña que tenía el raro don de saber escuchar o La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, una novela con la que me casaría, por transportarme a una Barcelona que ya no existe con lugares llenos de magia y cuyos protagonistas aman tanto los libros como yo.

El libro en papel tiene algo que nunca ningún “cacharro” electrónico podrá superar o igualar. Es una experiencia en sí mismo. Todos los que amáis los libros lo sabéis, todos compartimos este secreto: sostener el libro en tus manos. El placer de pasar sus páginas físicas. Ese pequeño error tipográfico con el que te has familiarizado. La imagen de la portada que ya ha pasado a ser parte vital de la historia. El olor que desprenden sus páginas, tanto si se trata de un libro nuevo que acabas de comprar y que tú eres el primer ser humano que tiene la suerte de haber abierto o si se trata de un libro usado y ajado, cuyas páginas te acogen como si fuera un viejo amigo.

El conocimiento en papel tiene textura, tiene contexto, es tangible. Desde el primer momento en que deslizas la vista por sus páginas se establece una conexión mágica entre vosotros. O tal vez yo solo sea una romántica pero si es así, ¡qué afortunada me siento! Porque no cambiaría por nada la experiencia de leer en papel una historia que me cautiva.

Portada de El nombre de la Rosa

Mi mayor debilidad es mi novela favorita, El nombre de la rosa de Umberto Eco. Vale la pena vivir solo por leer esa historia y guardo la edición en la que la descubrí como oro en paño: Editorial Lumen, séptima edición, 1983, con una rosa roja abierta en la portada a la que se sobrepone un hermoso laberinto griego (Gracias, papá, por cedérmelo). Y termino, paciente lector que sigues aquí, diciendo que creo que ambos formato van a convivir porque desde luego, el libro electrónico tiene muchísimas ventajas y es estupendo que tengamos la suerte de contar con esta tecnología, pero nada va a sustituir la experiencia de los libros físicos. Al menos, mientras quedemos amantes entregados.

Imagen de portada: Thomas Life vía Flickr
Resto de imágenes: Olga Lareo. Todos los derechos reservados
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Olga Lareo Sebastián

Licenciada en periodismo, trabajo como profesora en Fundación UNED de Community Management y Social Media Marketing. Adicta a las redes sociales, ¿hablamos? 🙂

8 Respuestas

  1. Pues debo decirte que:
    1) Yo sí me acuerdo de lo primero que leí en mi ebook. Con mi Papyre vino Víctor Hugo, desde entonces uno de mis grandes amores literarios. No sé dónde había estado todo este tiempo. En general, todas las grandes novelas francesas las he leído en digital. Y lloré con Los Miserables como una loca.
    2) Que llevo con Ensayo sobre la ceguera más de un año y no me engancha. No sé qué estoy haciendo mal.
    3) Que me has transportado a mi infancia, cuando entrábamos en la librería Beta de la calle Asunción de Sevilla y la encargada le decía a mi madre que me dejara allí mientras ella compraba, porque yo iba acariciando cada lomo, recolocando los libros mal ubicados, oliendo las páginas de las diferentes ediciones para elegir cuál llevarme.
    Un post sinestésico total. Me encanta.

    • Olga Lareo Sebastián dice:

      ¡Hola Vega!

      Me alegro mucho haberte evocado recuerdos de tu infancia en una librería. ¡Qué pasada lo que cuentas de esa librería en la que te quedabas explorando libros! Me has dado mucha envidia porque me has recordado una de las novelas de las que hablaba en el post, La sombra del viento. ¿La has leído? Si no lo has hecho, ¡Ya tardas! Aunque transcurra en Barcelona, creo que puedes conectar muy bien ella. Digamos que sigue la premisa de que los libros te escogen a ti, a diferencia de la idea que tenemos de que nosotros los escogemos a ellos.
      Yo también recuerdo que mi primera lectura en electrónico fue Cien años de soledad, pero enseguida dejé de leer porque me dí cuenta de que quería recuerdos físicos de esa historia. Y he leído muchísimos libros en el Kindle, pero te prometo que no recuerdo cuál fue el primero que terminé. ¡Y mira que solo hace dos años que lo tengo!
      Me apunto a Víctor Hugo, yo lloré muchísimo con la última adaptación de Los Miserables en cine. Sobre Saramago, no sé qué decirte. Estas cosas son muy personales. El ensayo sobre la ceguera me conmovió como pocas novelas han hecho. Me pareció muy dura porque tengo tendencia a creer en la bondad del ser humano y sin embargo, este relato plasma un comportamiento que aunque hipotético, me parece tan real… Me puso muy triste, la verdad.
      Otra ventaja enorme que conlleva el formato electrónico y los nuevos modelos de negocio de la Web 2.0 es el Long Tail. Cuando me dio por leer teatro, me volví loca buscando a Tenesse Williams y a Arthur Miller. Al final, tuve que encargarlos. Ahora son muy fáciles de encontrar y eso es BIEN. 😉 Otro libro que te recomiendo muchísimo es la obra de teatro de La muerte de un viajante. Y dejó de escribir que podría pasarme horas hablando de novelas.
      ¡Un abrazo!

  2. mjcrumor@gmail.com' María José Ruiz dice:

    Me lo he pasado estupendamente leyendo el post (con sus resonancias proustianas del siglo XXI) y, también, los comentarios, en especial, porque en realidad habla de LITERATURA ¡y qué más da el formato!

    • Olga Lareo Sebastián dice:

      ¡Qué bien que te haya gustado el post y te haya entretenido, María José! 🙂
      La verdad es que es cierto que la literatura transciende a todo.

      ¡Un abrazo!

  3. comunicacion.merchepalomino@gmail.com' Merche Palomino dice:

    ¡Muy inspirador el post!
    Yo también recuerdo la lectura de Renglones torcidos de Dios durante un verano en el pueblo de mi padre.
    Gracias por ponerle palabras al placer de la lectura :).

  4. cfigueiras@carmenfigueiras.com' Carmen Figueiras dice:

    ¡Yo también huelo los libros! Lo hago desde pequeña. Me encanta abrir un libro nuevo mientras paso las hojas y aspiro el olor con los ojos cerrados.

    De pequeña lo hacía en todas las librerías sin cortarme un pelo, ahora sólo lo hago si la librería no está muy llena y no hay nadie que pueda pillarme en ese momento tan freaky.

    Niñas, Victor Hugo es un must, pero no os perdais a Dumas ni a Dickens. Me encanta la literatura inglesa y francesa del Siglo XIX gracias a mi abuelo que me leyó “Los tres mosqueteros” como si fuera un cuento antes de que aprendiera a leer.

    Gracias, Olga, por este precioso post.

    • vegapchirinos@gmail.com' Vega Pérez-Chirinos Churruca dice:

      A Dumas me lo he pasado ya varias veces. Y sí, en muchos aspectos mejor incluso que Hugo. Pero a Dickens no le pillo el punto… ¿Por cuál empiezo a releer? ¿Sugerencias?

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