Mi vida sin WhatsApp

Pertenezco a la denominada “Generación X”, término que en lineas generales sitúa mi año de nacimiento entre principios de los años 1960 hasta principios de los 80. A otros efectos mucho más interesantes que averiguar la edad que tengo, significa que era pequeña cuando la televisión en color vino a España. Ese día volví del colegio emocionada deseando sumergirme en la maravillosa combinación electrónica de esos tres colores; rojo, verde y azul, que me mostrarían historias e imágenes en movimiento del mismo modo que yo veía la realidad. Ser de la generación X también indica que mis primeros novios no tenían más remedio que llamar al teléfono fijo de mi casa, cuya llamada atendería probablemente alguno de mis padres. Que por el año 92 empezaron a comercializarse los primeros móviles gigantes a un coste aproximado de 80.000 pesetas. No he consultado más fuente que mi propio recuerdo, yo entonces salía con un chico tan atractivo como nocivo, solía tener vicios caros ante los que yo permanecí como mera espectadora mientras una voz interior me susurraba que lo mejor era alejarme de él, algo que por cierto me resultaba muy difícil de hacer. Él era  la única persona que yo conocía con móvil, su tamaño no permitía guardarlo en ningún bolsillo y yo se lo guardaba en mi bolso, imaginaros el tamaño y peso. Justo cuando estaba en plena lucha eterna entre el corazón y la cabeza, su coche se estrelló contra una furgoneta que repartía periódicos a primera hora de la mañana, yo iba con él, cuando desperté, las heridas de mi cabeza me impedían ver nada y aunque ahora no se si él sigue con vida, si sé que ese día sobrevivimos los dos dejando nuestra historia entre los hierros del coche que fué declarado siniestro igual que nuestro amor.

Podría detallaros, igual que muchos de vosotros, las peripecias de los trabajos de la facultad a máquina de escribir o cómo se trabajaba solo con comunicaciones vía fax y correo postal. La irrupción de internet y el correo electrónico y así hasta llegar a mi día actual de redes sociales y herramientas que nos permiten trabajar desde casa cómo si estuvieras en la oficina y mi querido whatsApp, sin el que no consideraría poder vivir, porque sin él la vida me parecería vacía y triste. 

No estoy en tratamiento y aunque no supiera distinguir la línea que al cruzarla convierte algunos hábitos en adicción, me doy cuenta que estoy enganchada a esta aplicación. Miro el móvil en busca de mensajes nuevos cada cinco minutos, me mantiene conectada a mis círculos más cercanos, participo en conversaciones constantes sin la certeza que te proporcionan los tonos de voz y desde que puedo usarla en mi ordenador, todo ha empeorado.

Antes de aceptar el reto de estar una semana sin WhatsApp he querido imaginarme como serían mis días y fundamentalmente me he visualizado más poderosa, sólo por el hecho de recuperar el control sobre mis comunicaciones y volver a valorar el sonido de las risas verdaderas, apretar un smiley aún no forma parte de los ejercicios de la risoterapia.

Empiezo en el momento en el que le doy a borrar la aplicación, me siento bien, al fin y al cabo, me estoy yendo yo y es una decisón muy meditada. Lo terrible sería ser desterrada, me consta que algunos han recibido un mensaje en el que se le comunica la deportación de esta plataforma. El mensaje es el siguiente:  “Su número de teléfono no está autorizado a utilizar nuestro servicio”, porque aunque no es habitual, es potestad de WhatsApp expulsar a cualquier usuario que envíe falsedades, amenazas, o usurpe a identidad de otro usuario, por ejemplo.

Una vez el símbolo del bocadillo de diálogo verde no está en mi teléfono, me veo interactuando más y ni siquiera he escrito un sms.

He imaginado que evito varios malentendidos con mi pareja y hasta nos vemos más. Todos tenemos en la cabeza el cortometraje  de Dani Montes“Yo tb tq”, donde  se plasma una historia que nos hace ver hasta qué punto la mensajería instantánea a través del móvil puede causar malentendidos y enfados innecesarios.

-Ahora mi mantra ya no es “I share, therefore I am”, y me imagino levantando la mirada al mundo, olvidándome de mi móvil ahora ya casi mudo, para volver a valorar las cosas importantes que suceden a mi alrededor.

-Esa semana fantaseo con la escena de numerosas conversaciones de teléfono sólo para preguntar por un número de teléfono por ejemplo y recibir respuestas como “Si claro.. te lo wasapeo ahora mismo” y yo pidiendoles que por favor me llamen que no tengo whatsApp y sentirme muy muy rara,  casi cómo se puede sentir cualquier especie al borde de la extinción.

-Esta extraña idea de pasar una semana sin WhatsApp me ha sobrevenido después de conocer a varias personas que estaban frustrada porque muchas veces la gente no responde a las conversaciones. Así que me he figurado que en estos 7 días ese enfado no tendrá que ver conmigo. El problema es que no aceptamos el derecho a contestar al ritmo de cada uno e incluso al silencio, bendito entre todos los ruidos, vestido de blanco como la misma paz.

-Y por último fantaseo con la sensación de no tener las conversaciones catalogadas en muy importantes o las que pueden esperar. La opción de silenciar las comunicaciones de grupos en su día no me funcionó ya que no podía evitar mirar cada minuto el móvil en busca del ícono de mensaje nuevo.

Los hábitos son muy difíciles de cambiar y una semana no sería suficiente para considerar como sería mi vida sin él, sólo he podido vislumbrar mi pasajera libertad de no responder a cada mensaje que recibo, la liberación de no formar parte de los billones de mensajes que se envían al día via WhatsApp y experimentar el cambio dramático de estar más concentrada en todo lo que hago.

Te imaginas una semana de tu vida sin WhatsApp? No va a ser fácil, créeme.

Photo Credit: Ángela Burón</a> via <a href=”http://compfight.com”

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Almudena Pardilla Fdez

Estudié Periodismo pero la vida me ha redirigido al mundo de los medios y su mayor fuente de financiación; la publicidad. Conjugar esto con mi gusto por lo internacional y global me ha convertido en una gestora de medios internacionales desde hace siete años. Ante todo soy aprendiz casi antes de que Malú sacara su gran éxito, pero a diferencia de ella, yo aún y siempre, sigo aprendiendo.

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2 Respuestas

  1. liliana.labarthe@gmail.com' Lili dice:

    Hola Almudena, me he sentido identificada con los cambios tan dramáticos que hemos vivido los que pertenecemos a la Generación X (el zapatófono móvil, etc). También comparto tu preocupación por evitar “enviciarte” con el móvil y todo las apps que existen. Por ahora no he llegado tan lejos como tú, pero intento ponerme horarios tope para ver el móvil y no dejar que todas esas “interrupciones” marquen el ritmo de mis días. Buen post!
    un beso

    • Almudena Pardilla Fdez dice:

      Gracias Lili, la verdad es que ha sido fuerte y lo que nos queda. Mis esfuerzos son constantes para no llegar a obsesionarme y me esfuerzo por llamar más, que ya apenas llamo. Gracias por tu comentario Lili.
      Un beso
      Almu

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