Con ustedes, Gustavo, el reportero dicharachero de Barrio Twitter

España, años 80. Los Años de Plomo

Una cría acostumbrada a ver en informativos y portadas las imágenes más violentas de los asesinatos etarras empieza a elaborar su propio criterio y se pregunta qué narices aporta, desde el punto de vista puramente informativo, esa imagen de portada en la que aparece tendida en el suelo la última víctima de ETA. Está sin ropa porque la deflagración se la ha debido arrancar del cuerpo. Está muerto y está públicamente expuesto.

Esa cría era yo. Nací en la dictadura franquista, me crié en el terrorismo de ETA. He mamado violencia en imágenes a lo largo de toda mi infancia y adolescencia. Con tres y cuatro muertos a la semana, no me resultaba extraño ver cadáveres en los medios de comunicación. Sin embargo, un día me pregunté qué información, qué datos nuevos aportaban las imágenes de los muertos. Ese día fui un poco más allá y me interrogué acerca del dolor, del desgarro, que debía provocar en sus padres, en sus hijos, en su pareja la exposición pública del cadáver desnudo de su hijo, de su padre, de su ser amado.

Ese día me quedó claro que se puede informar sin causar dolor, que optar por el morbo es una elección de ética cuestionable pero de rentabilidad imposible de cuestionar. El morbo vende ejemplares. El morbo aumenta la audiencia y capta anunciantes.

España. Año 2017

Me entero de que ha habido un atentado en Barcelona y entro en Twitter en busca de datos nuevos. Lo primero que me encuentro (y lo segundo y lo tercero…) son vídeos de gente que pasaba por allí y que están retransmitiendo en directo imágenes de las víctimas tiradas en el suelo.

No siento dolor, no siento pena. Siento una inmensa vergüenza ajena y me pregunto por qué un ser humano, aparentemente normal, se topa de bruces con esta tragedia y se pone a grabar a las víctimas en lugar de ayudarlas, por qué decide exponer su agonía en lugar de darles consuelo.

¿Es el interés por informar? ¿Es el afán por aportar datos nuevos? ¿Acaso tener un Smartphone con una app te otorga de forma instantánea la Licenciatura en Periodismo? No. Es el ansia de demostrar al mundo que estaban allí, en el epicentro de la tragedia. Es el afán de protagonismo, la inconfesable decepción de saber que, una vez más, el destino les ha pasado rozando y les ha dejado al margen. Grabar esos vídeos les convierte, a su mediocre entender, en protagonistas. “Hola a todos, soy Gustavo, el reportero dicharachero de Barrio Twitter”. Felicidades, Gustavitos, ya habéis conseguido ser el bebé en el bautizo, la novia en la boda y casi, casi, el muerto en el entierro. Eso sí, hay que estar muy podrido por dentro para hacer lo que habéis hecho.

Pero, ojo, que no fue lo único que vimos en Twitter. Un taxista marroquí debió acabar en la ruina caracolera después de hacer unas tropecientas carreras gratuitas llevando a casa madres de tuiteros que estaban a dos calles de las Ramblas. En serio, a más de uno se le ha ido de la mano lo de los bots. A ver si al final hemos conseguido que Twitter también se pudra por dentro.

Tener un Smartphone con una app NO te otorga de forma instantánea el título de periodista. Clic para tuitear

Tuitstars y las hordas furiosas

Algunos tuitstars my conocidos han sabido sacar buen partido del Trending Topic del momento. Ha habido actuaciones como para entrar en los libros de texto en plan “ejemplo de lo que no se debe hacer”. Aquí os dejo una que me ha parecido especialmente destacable:

  • Publico algún tuit cuestionable, por decirlo de algún modo.
  • Luego tuiteo que lo he borrado porque era inadecuado pero, eso sí, explico que era fruto del shock del momento.
  • Ignoro los zascas de unos cuantos tuiteros porque, al fin y al cabo, también tengo palmeros que valoran mi rectificación.
  • Me pongo a repetir tuits para “ayudar a las víctimas” en modo bot.

Todo ello con su hashtag, claro, no perdamos el TT, que hay que estar en la cresta de la ola. ¿De verdad hay aquí un auténtico shock? ¿De verdad hay aquí una verdadera voluntad de rectificar o ayudar? Puede ser que sí, puede ser que no. En mi opinión, lo que hay es un uso inteligente de un Trending Topic, qué maestría, oigan.

Vamos con las hordas furiosas. Un Smartphone, una app, una tragedia y un alto grado de crispación. Para qué queremos más. Las hordas furiosas empiezan a enfrentarse entre sí con Twitter como escenario de batalla y el atentado como excusa. Barbaridades, se han tuiteado y leído auténticas barbaridades contra España, contra los españoles, contra Cataluña, contra los catalanes, contra el Islam, contra los musulmanes, contra los árabes, contra los políticos, contra sus partidos, contra los bots, contra el taxista marroquí y hasta contra las madres que estaban a dos calles de las Ramblas. No hemos dejado títere con cabeza, oigan. Ni el apuntador ha quedado.

Qué se puede hacer en estos casos

Lo ideal sería aprender pero está claro que no aprendemos. Parece que los humanos no mejoramos como especie y que actos que deberían unirnos y sacar lo mejor de nosotros mismos, vuelcan la podredumbre que llevamos por dentro y nos separan todavía más pero sí hay unas cuantas cosas que podemos hacer:

    • Ten respeto por las víctimas, no eres quién para exponer públicamente su agonía o su deceso
    • No tuitees ni publiques en otras redes detalles de las actuaciones policiales, hombre, que esto lo deberíamos haber aprendido ya de atentados anteriores. Pon fotos de gatitos o cállate, que estás más guapo
    • Reporta, denuncia y/o bloquea todas las cuentas que estén publicando contenidos inadecuados, sean o no sean de medios de comunicación
    • Desarrolla tu espíritu crítico, no te conviertas en palmero
    • Únete a este tipo de iniciativas que ponen en el punto de mira a quienes usan las redes sociales para reírse de las víctimas

Seguramente se puede hacer más cosas, como salir de Twitter y no volver a entrar. Eso, al gusto de cada uno.

 

NOTA: Podría haber aderezado este post con fotos relativas a Twitter, al atentado, a las manifestaciones de apoyo a las víctimas… Sin duda, habría mejorado el SEO pero no he querido hacerlo. Así de simple.

 

Más sobre el autor

Carmen Figueiras
Cofundadora de Infinitopuntocero. De los Mass Media a los Social Media hay sólo un paso y hace ya años que lo di, como corresponde a un espécimen evolucionado de la comunicación. Más de 20 años comunicando por cualquier medio y velando por la reputación y la imagen de mis clientes, tenían que acabar rellenando este blog hasta el infinito. ¿Te animas a leer?

2 Respuestas

  1. Totalmente de acuerdo. Un gran artículo que con gusto firmaríamos unos cuantos.
    Si me permites, un par de añadidos:
    1.- Como bien señalas “..tener un Smartphone con una app NO te otorga de forma instantánea la Licenciatura en Periodismo…” pero la información de los profesionales del periodismo es tan mala, tan parcial, tan partidista, tan morbosa, y tan… tan… que ya no sabes distinguir entre periodistas y Gustavos Twiteros.

    2.- Los expertos en sacar provecho de cualquier cosa, para ganar más visibilidad, se han puesto las botas. En algunos casos he llegado a sentir verdadera vergüenza ajena. Perfiles profesionales bastante reconocidos, profesores ellos de infinidad de cursos, máster y leches varias… expertos en comunicación y marketing para más señas… han ido surfeando en los TT de la tragedia para coleccionar RT y seguidores.

    Los surferos de los TT ya no distinguen: lo mismo les da ir sobre olas de marketing que sobre las olas de una tragedia.

    Gracias por escribir el artículo y hacernos pensar.

  2. Gracias a ti, Antonio.

    Efectivamente, el periodismo está muy deteriorado. Y no se puede echar toda la culpa a la crisis ni a la “becarización” de las redacciones. La parcialidad, la falta de veracidad, la explotación económica del morbo y otros muchos problemas de fondo ya venían de antes. Esto merecería otro post bien nutrido, la verdad.

    En cuanto a lo otro, buff, qué quieres que te diga… Me desborda la vergüenza ajena. En el post pongo un solo ejemplo pero, como muy bien dices, hubo muchísimos más. Y luego nos los encontraremos por ahí, en congresos, eventos, dando clase… Qué triste tener que exprimir así una tragedia para poder poner los garbanzos en la mesa.

    Un abrazo, Antonio.

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